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Actualidad

La calibración de mi herramienta de SMS venció


Por: Sergio Romero


El invierno que aplasta mi ronda matutina de seguridad me congela por un momento mientras camino alrededor de una de las aeronaves estacionadas y silentes en el hangar. Ya tengo el objetivo y la mira aísla mis pensamientos para enfocarlos en el análisis de riesgo del peligro que tengo en frente.


La producción de línea en la OMA está basada en los objetivos de prestación de servicios y alineada a los mismos. También necesitamos cruzar esta información con los estándares de calidad. Es decir, en qué grado cumplimos los estándares establecidos, por qué no podemos cumplir plenamente las normas, cuál es la razón por la que el personal de línea decide “no seguir este procedimiento, porque por una tarjeta de identificación, no se va a caer un avión, pues Sergio”.


Y entonces, recuerdo mis días en DGAC cuando pensaba cuán eficaces son las normas y los procedimientos que redactamos para reducir el riesgo; cuánto dinero tienen que invertir las compañías para cumplir los estándares, incluyendo personas, tiempo de implementación, adaptación y éxito constante en el tiempo. Sigo devorando la humedad del ambiente de esta mañana fría y las preguntas emanan fuertes y precisas:


¿Por qué es difícil convencer al personal operativo de que este nuevo procedimiento ahora sí va a constituirse en una defensa contra los accidentes?


¿Por qué ellos piensan en prestar el servicio de mantenimiento con los pocos recursos que tienen y toman la decisión de que ése será el único estándar válido?


Y pienso en el equilibrio entre la producción y la protección. Necesitamos balancear esta gestión. Y tenemos dos bandos bien diferenciados. Ellos producen, viven con la herramienta neumática para hacer las reparaciones estructurales, los veo doblados por mucho tiempo en la cabina de mando para instalar cables, con los planos de ubicación y tensión. Yo, con mi cámara y mi deseo de proteger la operación.


Veo entonces los gatos que sostienen la aeronave y recuerdo mi experiencia extranjera en una OMA el año pasado. Hacía mi ronda de calidad y el Dash 8-200 era una enorme joya para mí. Me acerqué a la aeronave. Vi el gato que bañaba con MILH-5606 a uno de mis amigos. Me miraba y luchaba para salir de la emergencia.


Llegaron otros técnicos en su ayuda. Tomé las fotos. Hice mi reporte y cuando leía el Manual de la Organización de Mantenimiento, quedé más frustrado y preocupado que mi amigo bañado por fluido hidráulico. Uno de nosotros debía realizar una inspección de recepción de material. Nadie lo hizo. ¿Por qué? Necesitaban llevar a  cabo una tarjeta de trabajo y no había tiempo. Era tomar el gato que estaba disponible o volver a buscar otro porque ése lo prestaron por unas horas nada más.


Esta vez no sucedió nada. Pero la historia se repite en mi cabeza y en los hechos. Otro gato prestado sin evidencias de haber pasado por la inspección de recepción de material. Dialogo con los encargados y recibo la misma respuesta: “Nos prestaron el gato y no había tiempo para realizar inspecciones y cumplir los procedimientos”.

Entonces, entiendo lo que leí hace años. El SMS es operativo. No puedo hablarles de seguridad sin pensar como ellos. No puedo pretender que recuerden cada procedimiento-defensa si no lo consideran como tal. No puedo lograr que estén convencidos de los procedimientos de calidad y seguridad, porque no les pertenecen. Ellos sólo quieren realizar sus procedimientos operativos y ya.


Sigo en mi ronda y me encuentro con los mismos muchachos de este taller. Ellos trabajan con insumos químicos peligrosos. Sólo he ingresado a su antesala dos o tres veces. Una para presentarme con ellos. Otra para auditarlos y una última al taller para verificar las condiciones operativas. Nunca para vigilarlos. ¿Por qué? No lo necesitan.

Siempre que paso junto a ellos, puedo ver a través de los ventanales una maravilla: Todos ellos efectúan inspecciones de material y utilizan sus equipos de seguridad completo. Y eso ocurre todos los días.


Nadie les dice qué hacer o cómo hacerlo. Hace poco les pregunté cómo es que siempre utilizan sus implementos de seguridad, cómo es que siempre los veo ordenados y consultando sus referencias sin nadie que se los diga o recuerde. Me respondió uno de ellos aún con su delantal de seguridad. “Es que estamos convencidos de que utilizar los EPPs forman parte de nuestra operación”.


Ahora tengo más trabajo, tengo más que leer y estudiar, porque así, en este estado, mi SMS está descalibrado. No se trata de auditar y hacer rondas para encontrar fallas. No se trata de buscar peligros todo el tiempo. Debo tratar de pensar como el Profesor Sidney Dekker de la Universidad de Griffith, en Australia.


Es una recomendación que recibí de una amiga. Gracias a ello, estoy cambiando mi perspectiva al respecto de seguridad y compromiso. Nosotros los Gerentes de Seguridad no debemos usar un “látigo” y perseguir acciones realizadas de manera incorrecta en una tarea o actividad de mantenimiento. ¿Por qué no perseguimos acciones positivas del personal operativo como las del taller de mis amigos convencidos de usar sus EPPs? ¿Qué tal si los convencemos de que la seguridad es parte de su operación y no otro requisito más?


Comparto como reto a sus mentes esta cita del Profesor Dekker: “La seguridad diferente no trata de impedir que las cosas que puedan salir mal lo hagan así. Más bien, trata de encontrar las capacidades y características que hacen que las cosas salgan bien, y luego asumir el liderazgo para mejorar esas capacidades y las condiciones que las generaron. ¡No se concentre y obsesione con evitar que las cosas salgan mal! ¡Concéntrese en lo que tiene que ir bien y mejore las capacidades que lo hacen posible!”.